No es más que vanidad
este instinto de trascender
más allá de los ojos enrojecidos
de esa noche que me contempla
con fijeza incansable
y vacila en llegar,
torpe inmodestia
inventar,
que le coloque nombres a las cosas,
las enmarque y con clavos para cemento
como quien decora la memoria,
entre un silencio y otro,
en alguna pared
las trate de acomodar,
agravio o desatino,
realizar esto o más,
antes que las auroras
con su implacable certeza aparezcan
trajeadas de tempestad
y cogiéndolas por los cabellos
las coloquen frente mío
con violencia,
y las vea sangrar.//
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jueves, 12 de febrero de 2009
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