Deambular en los bordes,
inhalar toda la hondura
que el etesio
en los piélagos ofrece.
Así como las alas
que alejan nuestra existencia,
de cara al abismo,
desplegar todo instinto.
Luego del vértigo,
sólo vesania
o libertad,
si,
es como dicen:
por más que te desbarranques
no pasarías del fondo.
Mi pecho ya no es más
lindero de mi era.
Errando en los extremos,
me asomé y me vi por primera vez,
al final del despeñadero,
me conocí a mi mismo.//
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sábado, 10 de enero de 2009
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